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Helen Doron también ayuda a las familias bilingües

Sucede con frecuencia que, en ambientes bilingües (en los que la lengua que hablan sus padres es distinta a la de la lugar en la que viven o, más a menudo, en la que solo uno de ellos es extranjero) los hijos entiendan perfectamente ambos idiomas pero tiendan a usar solamente uno de ellos. Podría poner muchos ejemplos, pero tengo uno en mi propia familia: mi hermana (que es española) y su marido (irlandés) viven en España.

Mis dos sobrinos conocen las dos lenguas: entienden no solo a sus padres, sino a cualquier persona que les hable en ellas. Saben canciones, historias y cuentos y ven la televisión en ambos idiomas. Sin embargo, cuando tienen que expresarse de forma espontánea, usan preferentemente el castellano frente al inglés, y con mucha diferencia.

La razón de este comportamiento es bastante obvia. El castellano es la lengua que oyen en la calle, es la de sus familiares que tienen más cerca, es la del colegio o la guardería. Es la lengua que les viene más fácil. Si, además de esto, su padre les entiende, ¿para qué esforzarse con la otra, que probablemente les cueste un poco más de trabajo? Puede ocurrir, incluso, que lleguen a rechazar ese idioma. Puede ser que se nieguen a hablarlo, o a escucharlo en la tele, prefiriendo ver los dibujos animados o la película en español, o a ruborizarse si hay personas que les preguntan cómo se dice tal o cuál cosa en inglés. Recuerdo que, cuando era joven, tenía dos profesoras de idiomas, una de inglés y otra de alemán, cuyos hijos se negaban en rotundo a hablar en inglés o en alemán por la calle… ¡y en español cuando iban de viaje a Alemania o Inglaterra!

Esto es normal; los niños, a fin de cuentas, son niños, su desarrollo cognitivo y de personalidad cambia con mucha rapidez y se les pasa a los pocos meses. Sin embargo, hay familias que pueden vivirlo con preocupación y que se pregunten qué pueden hacer para que esto no ocurra. Por eso hay familias bilingües que traen a sus hijos a Helen Doron. No porque quieran que aprendan el idioma, que normalmente lo conocen casi a la perfección, sino porque necesitan un estímulo para desarrollarlo, para hablarlo con frecuencia y mejorar su habilidad con él.

Los teachers notamos en seguida cuando tenemos por primera vez un niño bilingüe. Por descontado, nos entienden sin ningún problema (muchas veces mejor que nuestros alumnos más antiguos), hacen todo lo que les pedimos y reaccionan a la perfección ante los estímulos que les proponemos. Sin embargo, muchas veces pueden resultar ser los más reticentes a decir palabras o frases en inglés.

Pero esto suele durar muy poco. En el momento en el que notan que los demás compañeros hablan el idioma, que piden cosas en él, dicen la palabra adecuada y se les obsequia con una sonrisa, un aplauso o una frase alegre (lo que solemos llamar en Helen Doron como “refuerzo positivo”) el niño bilingüe empieza a “soltarse” en la otra lengua.

En realidad, la base lingüística que proporciona Helen Doron, especialmente si el niño comienza desde muy joven (en los primeros meses o dentro del primer año de su vida), es muy similar a la que obtiene viviendo en un ambiente de idioma inglés. La escucha diaria del CD crea una especie de “microclima” cotidiano en esa lengua, y las clases, con la estimulación sensitiva, los juegos dirigidos por los teachers y la metodología específicamente creada para ellos hacen que tengan muchas ganas de comunicarse en inglés. A veces se convierte en una necesidad para ellos: saben que si dicen “teddy bear” tendrán como recompensa ese osito de peluche tan bonito (lo que no saben es que lo tendrán de todos modos… ¡aunque quizá otro compañero que sea más rápido en decirlo lo conseguirá primero!)

Quisiera terminar este artículo contando una experiencia personal. Mi sobrino Adam tenía tres años cuando vino por primera vez a un Summer Camp de Helen Doron. Ya entonces se le notaba que sabía inglés por todo lo que he contado anteriormente: reaccionaba ante lo que su padre le decía, veía la televisión, cantaba y decía algunas palabras en ese idioma. Sin embargo, no era ún capaz de decir una frase completa.

Lo que ocurrió fue que, a los pocos días, toda la familia notó un cambio espectacular. En menos de una semana comenzó a decir frases enteras, y no solo en el interior del campamento, con los teachers y con sus compañeros, ni tan solo cuando tenía delante a su padre, sino que empezó a incorporar el inglés a su vida cotidiana: cuando jugaba con su hermanita (entonces de un año), cuando estaba en casa con su madre, con sus abuelos españoles o en plena calle.

La magia de Helen Doron es esa: estimular positivamente a nuestros niños para que les encante venir a clase y hablar inglés a todas horas.

Escrito por Ignacio Moreno, teacher de Helen Doron.

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Helen Doron también ayuda a las familias bilingües

Sucede con frecuencia que, en ambientes bilingües (en los que la lengua que hablan sus padres es distinta a la de la lugar en la que viven o, más a menudo, en la que solo uno de ellos es extranjero) los hijos entiendan perfectamente ambos idiomas pero tiendan a usar solamente uno de ellos. Podría poner muchos ejemplos, pero tengo uno en mi propia familia: mi hermana (que es española) y su marido (irlandés) viven en España.

Mis dos sobrinos conocen las dos lenguas: entienden no solo a sus padres, sino a cualquier persona que les hable en ellas. Saben canciones, historias y cuentos y ven la televisión en ambos idiomas. Sin embargo, cuando tienen que expresarse de forma espontánea, usan preferentemente el castellano frente al inglés, y con mucha diferencia.

La razón de este comportamiento es bastante obvia. El castellano es la lengua que oyen en la calle, es la de sus familiares que tienen más cerca, es la del colegio o la guardería. Es la lengua que les viene más fácil. Si, además de esto, su padre les entiende, ¿para qué esforzarse con la otra, que probablemente les cueste un poco más de trabajo? Puede ocurrir, incluso, que lleguen a rechazar ese idioma. Puede ser que se nieguen a hablarlo, o a escucharlo en la tele, prefiriendo ver los dibujos animados o la película en español, o a ruborizarse si hay personas que les preguntan cómo se dice tal o cuál cosa en inglés. Recuerdo que, cuando era joven, tenía dos profesoras de idiomas, una de inglés y otra de alemán, cuyos hijos se negaban en rotundo a hablar en inglés o en alemán por la calle… ¡y en español cuando iban de viaje a Alemania o Inglaterra!

Esto es normal; los niños, a fin de cuentas, son niños, su desarrollo cognitivo y de personalidad cambia con mucha rapidez y se les pasa a los pocos meses. Sin embargo, hay familias que pueden vivirlo con preocupación y que se pregunten qué pueden hacer para que esto no ocurra. Por eso hay familias bilingües que traen a sus hijos a Helen Doron. No porque quieran que aprendan el idioma, que normalmente lo conocen casi a la perfección, sino porque necesitan un estímulo para desarrollarlo, para hablarlo con frecuencia y mejorar su habilidad con él.

Los teachers notamos en seguida cuando tenemos por primera vez un niño bilingüe. Por descontado, nos entienden sin ningún problema (muchas veces mejor que nuestros alumnos más antiguos), hacen todo lo que les pedimos y reaccionan a la perfección ante los estímulos que les proponemos. Sin embargo, muchas veces pueden resultar ser los más reticentes a decir palabras o frases en inglés.

Pero esto suele durar muy poco. En el momento en el que notan que los demás compañeros hablan el idioma, que piden cosas en él, dicen la palabra adecuada y se les obsequia con una sonrisa, un aplauso o una frase alegre (lo que solemos llamar en Helen Doron como “refuerzo positivo”) el niño bilingüe empieza a “soltarse” en la otra lengua.

En realidad, la base lingüística que proporciona Helen Doron, especialmente si el niño comienza desde muy joven (en los primeros meses o dentro del primer año de su vida), es muy similar a la que obtiene viviendo en un ambiente de idioma inglés. La escucha diaria del CD crea una especie de “microclima” cotidiano en esa lengua, y las clases, con la estimulación sensitiva, los juegos dirigidos por los teachers y la metodología específicamente creada para ellos hacen que tengan muchas ganas de comunicarse en inglés. A veces se convierte en una necesidad para ellos: saben que si dicen “teddy bear” tendrán como recompensa ese osito de peluche tan bonito (lo que no saben es que lo tendrán de todos modos… ¡aunque quizá otro compañero que sea más rápido en decirlo lo conseguirá primero!)

Quisiera terminar este artículo contando una experiencia personal. Mi sobrino Adam tenía tres años cuando vino por primera vez a un Summer Camp de Helen Doron. Ya entonces se le notaba que sabía inglés por todo lo que he contado anteriormente: reaccionaba ante lo que su padre le decía, veía la televisión, cantaba y decía algunas palabras en ese idioma. Sin embargo, no era ún capaz de decir una frase completa.

Lo que ocurrió fue que, a los pocos días, toda la familia notó un cambio espectacular. En menos de una semana comenzó a decir frases enteras, y no solo en el interior del campamento, con los teachers y con sus compañeros, ni tan solo cuando tenía delante a su padre, sino que empezó a incorporar el inglés a su vida cotidiana: cuando jugaba con su hermanita (entonces de un año), cuando estaba en casa con su madre, con sus abuelos españoles o en plena calle.

La magia de Helen Doron es esa: estimular positivamente a nuestros niños para que les encante venir a clase y hablar inglés a todas horas.

Escrito por Ignacio Moreno, teacher de Helen Doron.