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Jugar y aprender: esto es lo que dice la Neurociencia

El día 28 de mayo se celebra en todo el mundo el Día Internacional de Juego. Una fecha marcada en el calendario para recordarnos la importancia que tiene esta actividad, que además está señalada como uno de los Derechos del Niño por Naciones Unidas. Jugar es una actividad innata y fundamental para el desarrollo psíquico y motor no solo de los bebés y los niños, sino también de los adultos. Por ello, desde Helen Doron English queremos poner nuestro granito de arena en este día tan importante, aportando la visión científica de la Neurociencia.

Jugar es mucho más que jugar: es aprender

Jugar no es solo una actividad divertida, algo que nos aporta alegría o entretenimiento. Es uno de los pilares básicos de la actividad humana, que además compartimos con muchas otras especies. En realidad, los científicos no han encontrado una explicación sobre por qué existe el juego, pero sí sabemos que jugar produce una serie de efectos en el cerebro que, además de placer, ayudan decisivamente al aprendizaje.

El factor decisivo que la Neurociencia ha descubierto se centra en la emoción. Cuando jugamos, nos emocionamos, y ese estado emocional hace que el propio cerebro segregue dopamina. Se trata de un neurotransmisor relacionado con múltiples funciones a nivel fisiológico, entre las que se encuentran la atención, el humor, la memoria y la capacidad de aprendizaje. Es por este motivo que jugar nos hace aprender más, más rápido y más a largo plazo, ya que pone en marcha la química del cerebro que, a su vez, activa las zonas cerebrales implicadas en el proceso de aprendizaje. Por el contrario, el cerebro de un niño que se aburre (en casa, en clase o en cualquier otro contexto), sencillamente no tiene capacidad para aprender.

“Jugar es aprender, y no aprender el tiempo”

Esta frase es de Francisco Mora, uno de los referentes españoles en Neurociencia más reconocidos a nivel internacional. Según este científico, “el juego es el disfraz del aprendizaje”, es algo que ha inventado la naturaleza para que podamos aprender  y que “cambie los circuitos neuronales de su cerebro”.

Un bebé, cuando coge un objeto, lo suelta, lo vuelve a coger, lo vuelve a soltar, lo coge de nuevo y se lo lleva a la boca o le da unos golpes y lo suelta para gatear, lo que en realidad está haciendo es jugando. Y de esta manera tan primordial, graba un “programa motor” en sus circuitos neuronales. Con el paso del tiempo y la repetición de esta conducta tan simple, el “programa motor” de su cerebro no necesitará experimentar con todo esto: lo podrá hacer de forma prácticamente automática e inconsciente.

Lo mismo ocurre con cualquier otra actividad, disciplina y área de conocimiento. Jugar es el mejor vehículo para aprender matemáticas, historia, literatura o idiomas. Un niño que juega es un niño que aprende, y esto es algo que los grandes pioneros de la pedagogía, desde Montessori hasta las innovaciones más actuales, han sabido intuir. Por eso, la metodología Helen Doron English hace uso de juegos, adaptados a la edad, en todos nuestros cursos, desde bebés hasta adolescentes.

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Jugar y aprender: esto es lo que dice la Neurociencia

El día 28 de mayo se celebra en todo el mundo el Día Internacional de Juego. Una fecha marcada en el calendario para recordarnos la importancia que tiene esta actividad, que además está señalada como uno de los Derechos del Niño por Naciones Unidas. Jugar es una actividad innata y fundamental para el desarrollo psíquico y motor no solo de los bebés y los niños, sino también de los adultos. Por ello, desde Helen Doron English queremos poner nuestro granito de arena en este día tan importante, aportando la visión científica de la Neurociencia.

Jugar es mucho más que jugar: es aprender

Jugar no es solo una actividad divertida, algo que nos aporta alegría o entretenimiento. Es uno de los pilares básicos de la actividad humana, que además compartimos con muchas otras especies. En realidad, los científicos no han encontrado una explicación sobre por qué existe el juego, pero sí sabemos que jugar produce una serie de efectos en el cerebro que, además de placer, ayudan decisivamente al aprendizaje.

El factor decisivo que la Neurociencia ha descubierto se centra en la emoción. Cuando jugamos, nos emocionamos, y ese estado emocional hace que el propio cerebro segregue dopamina. Se trata de un neurotransmisor relacionado con múltiples funciones a nivel fisiológico, entre las que se encuentran la atención, el humor, la memoria y la capacidad de aprendizaje. Es por este motivo que jugar nos hace aprender más, más rápido y más a largo plazo, ya que pone en marcha la química del cerebro que, a su vez, activa las zonas cerebrales implicadas en el proceso de aprendizaje. Por el contrario, el cerebro de un niño que se aburre (en casa, en clase o en cualquier otro contexto), sencillamente no tiene capacidad para aprender.

“Jugar es aprender, y no aprender el tiempo”

Esta frase es de Francisco Mora, uno de los referentes españoles en Neurociencia más reconocidos a nivel internacional. Según este científico, “el juego es el disfraz del aprendizaje”, es algo que ha inventado la naturaleza para que podamos aprender  y que “cambie los circuitos neuronales de su cerebro”.

Un bebé, cuando coge un objeto, lo suelta, lo vuelve a coger, lo vuelve a soltar, lo coge de nuevo y se lo lleva a la boca o le da unos golpes y lo suelta para gatear, lo que en realidad está haciendo es jugando. Y de esta manera tan primordial, graba un “programa motor” en sus circuitos neuronales. Con el paso del tiempo y la repetición de esta conducta tan simple, el “programa motor” de su cerebro no necesitará experimentar con todo esto: lo podrá hacer de forma prácticamente automática e inconsciente.

Lo mismo ocurre con cualquier otra actividad, disciplina y área de conocimiento. Jugar es el mejor vehículo para aprender matemáticas, historia, literatura o idiomas. Un niño que juega es un niño que aprende, y esto es algo que los grandes pioneros de la pedagogía, desde Montessori hasta las innovaciones más actuales, han sabido intuir. Por eso, la metodología Helen Doron English hace uso de juegos, adaptados a la edad, en todos nuestros cursos, desde bebés hasta adolescentes.