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Let’s play: Cómo acercar el arte a los niños

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¿Qué es el arte? Quizá creamos que los niños no sabrían responder a esta pregunta. Podríamos pensar que se trata de una cuestión elevada, propia de círculos académicos o de intelectuales con gran formación sobre ese tema, que se pueden tardar años en tener una respuesta adecuada. Sin embargo, a veces es mejor dejar los más pequeños sean los que se expresen:

Parece claro que no llegan a una definición única, pero también que el tema les interesa. Los que los tenemos a nuestro lado todos los días sabemos lo mucho que disfrutan dibujando, coloreando, creando una imagen o dando forma a un material moldeable. Pero, también, que su interés no se limita a “hacer algo bonito” sin más.

Beneficios de las artes plásticas para los niños

Existen muchas y poderosas razones por las que es muy beneficioso acercar el arte a los niños. Si el arte tiene una función social es la de expresar. Más allá de una cuestión de estética, hacer arte es dejar aflorar los sentimientos humanos, los estados de ánimo, las sensaciones del momento. Los niños muchas veces no saben comunicarnos lo que les ocurre, ya sea que estén tristes, enfadados, nerviosos o contentos. Puede ser que les falten las palabras, o que no tengan ciertos conceptos establecidos en sus cerebros. Sin embargo, a través de sus pequeñas (o grandes) creaciones, son capaces de decirnos mucho más de lo que consiguen con sus propias palabras. El arte es uno de los mejores caminos para ayudarnos a conocerles y ayudarles a ellos mismos a conocerse mejor, para que manifiesten su independencia y su personalidad.

Además, el arte es capaz de mejorar la psicomotricidad y la capacidad de concentración. Dar forma a materiales necesita de técnica y destreza, con lo que, al utilizarlos, sus pequeñas manos desarrollan y mejoran su habilidad y, con ella, las redes neuronales que la sostienen. Utilizar sus dedos para coger un pincel o recortar y pegar un trozo de papel se convierte así en un ejercicio de desarrollo cerebral inmejorable, que necesita de una atención pausada, con lo que les damos la oportunidad de sentirse tranquilos y relajados mientras lo hacen.

El niño como espectador de arte

Pero no todo tiene que ser hacer. La educación infantil puede obtener grandes beneficios de acercar el arte a los niños como espectadores. No se trata solamente de ir a un museo a pasear. Las salas frías y silenciosas de los centros de arte, en las que no se puede correr, hablar o tocar nada, pueden ser un aburrimiento para una mente inquieta y creativa como la de un niño. Ellos necesitan algo más que observar, tiene que actuar. Por ello, son cada vez más los ejemplos de grandes museos que tienen programas específicos para los más pequeños en los que ellos son los protagonistas.

Ideas como la del Museo de Arte Contemporáneo de Tokyo, en la que se puede disfrutar de reproducciones de obras no solo tocándolas, sino entrando y saliendo de ellas, o los juegos de exploración de la Art Gallery of New South Wales son un ejemplo llamativo. Pero no hace falta irse tan lejos. Museos que tenemos muy cerca, como el Museo del Prado o el Centre Pompidou de Málaga proponen actividades especialmente pensadas para ellos, para desarrollar su capacidad crítica y para proponer ejemplos a seguir en su exploración artística personal.

En casa: proponer, pero no imponer

Si queremos educar a nuestros hijos en la creatividad y en el amor por el arte, no hay nada como el ejemplo en casa. Si nos ven leyendo o escuchando música, escribiendo, bailando o dibujando, enseguida se interesarán por lo que hacemos. Es probable que intenten imitarnos, nos pregunten qué estamos haciendo y por qué lo hacemos.

Es una buena actividad familiar elegir películas, excursiones, visitas, programas de televisión o documentales juntos. Que los niños nos digan lo que les guste y que encontremos un espacio común que nos entusiasme a todos. En este sentido, hay que intentar evitar las imposiciones por ambas partes. Está claro que forzar a un niño a hacer algo que no le gusta no es una buena estrategia, pero hacer lo contrario, es decir, que sean ellos siempre los que elijan, lleva a los adultos al aburrimiento, la frustración y el desapego.

A fin de cuentas, no somos tan distintos. El diálogo no siempre es fácil, pero está en nuestra mano encontrar esas actividades que nos gusten a ambos. A lo mejor disfrutamos haciendo disfraces, o realizando en casa recreaciones de cuentos, o creando esculturas de barro o de arena de playa. Todos llevamos dentro un pequeño artista que necesita expresarse, aunque solo sea de vez en cuando. Hacerlo con nuestros hijos es una de las actividades más satisfactorias de la vida.

Imagen: hecticparents.

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Let’s play: Cómo acercar el arte a los niños

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¿Qué es el arte? Quizá creamos que los niños no sabrían responder a esta pregunta. Podríamos pensar que se trata de una cuestión elevada, propia de círculos académicos o de intelectuales con gran formación sobre ese tema, que se pueden tardar años en tener una respuesta adecuada. Sin embargo, a veces es mejor dejar los más pequeños sean los que se expresen:

Parece claro que no llegan a una definición única, pero también que el tema les interesa. Los que los tenemos a nuestro lado todos los días sabemos lo mucho que disfrutan dibujando, coloreando, creando una imagen o dando forma a un material moldeable. Pero, también, que su interés no se limita a “hacer algo bonito” sin más.

Beneficios de las artes plásticas para los niños

Existen muchas y poderosas razones por las que es muy beneficioso acercar el arte a los niños. Si el arte tiene una función social es la de expresar. Más allá de una cuestión de estética, hacer arte es dejar aflorar los sentimientos humanos, los estados de ánimo, las sensaciones del momento. Los niños muchas veces no saben comunicarnos lo que les ocurre, ya sea que estén tristes, enfadados, nerviosos o contentos. Puede ser que les falten las palabras, o que no tengan ciertos conceptos establecidos en sus cerebros. Sin embargo, a través de sus pequeñas (o grandes) creaciones, son capaces de decirnos mucho más de lo que consiguen con sus propias palabras. El arte es uno de los mejores caminos para ayudarnos a conocerles y ayudarles a ellos mismos a conocerse mejor, para que manifiesten su independencia y su personalidad.

Además, el arte es capaz de mejorar la psicomotricidad y la capacidad de concentración. Dar forma a materiales necesita de técnica y destreza, con lo que, al utilizarlos, sus pequeñas manos desarrollan y mejoran su habilidad y, con ella, las redes neuronales que la sostienen. Utilizar sus dedos para coger un pincel o recortar y pegar un trozo de papel se convierte así en un ejercicio de desarrollo cerebral inmejorable, que necesita de una atención pausada, con lo que les damos la oportunidad de sentirse tranquilos y relajados mientras lo hacen.

El niño como espectador de arte

Pero no todo tiene que ser hacer. La educación infantil puede obtener grandes beneficios de acercar el arte a los niños como espectadores. No se trata solamente de ir a un museo a pasear. Las salas frías y silenciosas de los centros de arte, en las que no se puede correr, hablar o tocar nada, pueden ser un aburrimiento para una mente inquieta y creativa como la de un niño. Ellos necesitan algo más que observar, tiene que actuar. Por ello, son cada vez más los ejemplos de grandes museos que tienen programas específicos para los más pequeños en los que ellos son los protagonistas.

Ideas como la del Museo de Arte Contemporáneo de Tokyo, en la que se puede disfrutar de reproducciones de obras no solo tocándolas, sino entrando y saliendo de ellas, o los juegos de exploración de la Art Gallery of New South Wales son un ejemplo llamativo. Pero no hace falta irse tan lejos. Museos que tenemos muy cerca, como el Museo del Prado o el Centre Pompidou de Málaga proponen actividades especialmente pensadas para ellos, para desarrollar su capacidad crítica y para proponer ejemplos a seguir en su exploración artística personal.

En casa: proponer, pero no imponer

Si queremos educar a nuestros hijos en la creatividad y en el amor por el arte, no hay nada como el ejemplo en casa. Si nos ven leyendo o escuchando música, escribiendo, bailando o dibujando, enseguida se interesarán por lo que hacemos. Es probable que intenten imitarnos, nos pregunten qué estamos haciendo y por qué lo hacemos.

Es una buena actividad familiar elegir películas, excursiones, visitas, programas de televisión o documentales juntos. Que los niños nos digan lo que les guste y que encontremos un espacio común que nos entusiasme a todos. En este sentido, hay que intentar evitar las imposiciones por ambas partes. Está claro que forzar a un niño a hacer algo que no le gusta no es una buena estrategia, pero hacer lo contrario, es decir, que sean ellos siempre los que elijan, lleva a los adultos al aburrimiento, la frustración y el desapego.

A fin de cuentas, no somos tan distintos. El diálogo no siempre es fácil, pero está en nuestra mano encontrar esas actividades que nos gusten a ambos. A lo mejor disfrutamos haciendo disfraces, o realizando en casa recreaciones de cuentos, o creando esculturas de barro o de arena de playa. Todos llevamos dentro un pequeño artista que necesita expresarse, aunque solo sea de vez en cuando. Hacerlo con nuestros hijos es una de las actividades más satisfactorias de la vida.

Imagen: hecticparents.