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Los ritmos de aprendizaje en las etapas del desarrollo infantil

Trabajando con niños de diferentes edades es fácil darse cuenta de cómo cada grupo de edad reacciona de forma distinta a los estímulos que se les presentan. Un bebé necesita mucho tiempo para realizar una actividad como enfocar la vista, agarrar con sus manos un juguete y llevárselo a la boca. Un niño de cinco años podrá escribir letras con cierta facilidad, pero normalmente lo hará más lentamente más que uno de seis. Esto depende de muchos factores, tales como su destreza natural para esa tarea en concreto, el tipo de estimulación que haya recibido, su insistencia a la hora de realizarla… pero también de los ritmos y estilos de aprendizaje propios de cada edad y de cada niño en particular.

A la hora de acompañar a un niño, tanto en su día a día en casa como en clase, es importante conocer cómo son estos ritmos, y cómo la naturaleza de cada niño le hace preferir un tipo de actividad u otra.

Las ondas cerebrales
Dentro del cerebro se desarrolla una intensa actividad electroquímica. Hace decenios que los estudios neurológicos han identificado distintas ondas cerebrales, que aparecen en distintos momentos del día (vigilia, actividad intelectual intensa, momentos de creatividad, sueño profundo…). Cada una de estas ondas (beta, alfa, theta, delta, gamma…) se corresponden con una frecuencia de onda distinta: las hay más rápidas y las hay más lentas.

Lo interesante de esto es que las ondas de los bebés y los niños pequeños son muy distintas a las de los adultos. Por poner un ejemplo, un bebé despierto tendrá predominantemente ondas de baja frecuencia (delta y theta), que en adultos se corresponden con las ondas del sueño profundo y de estados de creatividad. Sin embargo, un adulto tendrá por norma general, en su actividad cotidiana, ondas más rápidas, como las beta.

Las diferentes etapas del aprendizaje infantil
En sus estudios sobre el aprendizaje infantil, Maria Montessori observó cuatro etapas cognitivas bien diferenciadas. Durante los primeros seis años de vida, los niños están en la fase de “mente absorbente” y “mente consciente”, que les hace ser pequeñas esponjas capaces de ser cada vez más conscientes de lo que ocurre a su alrededor, así como de retenerlo. Es la etapa en la que se desarrolla, por ejemplo, el lenguaje.

A partir de esa edad, y hasta los doce años, entramos en un periodo de “adquisición de la cultura”, en la que pasa de la exploración sensorial de la estapa anterior al descubrimiento a partir de la imaginación y la razón. De doce a dieciocho años, coincidiendo con los cambios físicos y fisiológicos, los ya adolescentes entran en el periodo de “adquisición de la independencia”, más en concreto en el ámbito de la expresión individual. Existe un cuarto y último periodo, ya en la edad adulta, en la que el aprendizaje consiste en ser completamente independientes.

Los ritmos de aprendizaje en el acompañamiento infantil
Si queremos acompañar adecuadamente a los niños, tanto en el aula como en casa, es necesario adecuar nuestro ritmo de trabajo al ritmo natural de los pequeños. Estaremos mucho más en sintonía con un bebé si hacemos las cosas de forma muy lenta, entrando en un estado mental en el que las ondas delta y theta estén lo más presentes posible. Por ejemplo, en nuestros cursos para bebés, todas las actividades las realizamos de forma muy pausada, atendiendo, uno a uno, a cada niño por separado.

De tres a seis años, el ritmo cerebral crece, y se hace necesaria la estimulación en grupo, con actividades más físicas y retos intelectuales más potentes. A partir de esta edad, los niños pueden necesitan desafíos intelectuales de mayor calado. Es por esto que en nuestros cursos de seis a doce años trabajamos historias más complejas, con un vocabulario amplio, frases gramaticalmente elevadas y se las presentamos a través de juegos de mesa, de cartas o de competiciones individuales o en grupo.

Por último, en nuestros cursos para adolescentes es importante favorecer una adquisición lingüística compleja, con la que cada uno de nuestros estudiantes consiga identificarse. Dejar espacio para la expresión como individuos, tanto oral como escrita, presentando temas variados y que sean de su interés: el espacio, la música, los misterios, la ecología o la alimentación saludable son solo algunas de las materias a través de las cuales conseguimos que adquieran el lenguaje adecuado para su vida como adultos.

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Los ritmos de aprendizaje en las etapas del desarrollo infantil

Trabajando con niños de diferentes edades es fácil darse cuenta de cómo cada grupo de edad reacciona de forma distinta a los estímulos que se les presentan. Un bebé necesita mucho tiempo para realizar una actividad como enfocar la vista, agarrar con sus manos un juguete y llevárselo a la boca. Un niño de cinco años podrá escribir letras con cierta facilidad, pero normalmente lo hará más lentamente más que uno de seis. Esto depende de muchos factores, tales como su destreza natural para esa tarea en concreto, el tipo de estimulación que haya recibido, su insistencia a la hora de realizarla… pero también de los ritmos y estilos de aprendizaje propios de cada edad y de cada niño en particular.

A la hora de acompañar a un niño, tanto en su día a día en casa como en clase, es importante conocer cómo son estos ritmos, y cómo la naturaleza de cada niño le hace preferir un tipo de actividad u otra.

Las ondas cerebrales
Dentro del cerebro se desarrolla una intensa actividad electroquímica. Hace decenios que los estudios neurológicos han identificado distintas ondas cerebrales, que aparecen en distintos momentos del día (vigilia, actividad intelectual intensa, momentos de creatividad, sueño profundo…). Cada una de estas ondas (beta, alfa, theta, delta, gamma…) se corresponden con una frecuencia de onda distinta: las hay más rápidas y las hay más lentas.

Lo interesante de esto es que las ondas de los bebés y los niños pequeños son muy distintas a las de los adultos. Por poner un ejemplo, un bebé despierto tendrá predominantemente ondas de baja frecuencia (delta y theta), que en adultos se corresponden con las ondas del sueño profundo y de estados de creatividad. Sin embargo, un adulto tendrá por norma general, en su actividad cotidiana, ondas más rápidas, como las beta.

Las diferentes etapas del aprendizaje infantil
En sus estudios sobre el aprendizaje infantil, Maria Montessori observó cuatro etapas cognitivas bien diferenciadas. Durante los primeros seis años de vida, los niños están en la fase de “mente absorbente” y “mente consciente”, que les hace ser pequeñas esponjas capaces de ser cada vez más conscientes de lo que ocurre a su alrededor, así como de retenerlo. Es la etapa en la que se desarrolla, por ejemplo, el lenguaje.

A partir de esa edad, y hasta los doce años, entramos en un periodo de “adquisición de la cultura”, en la que pasa de la exploración sensorial de la estapa anterior al descubrimiento a partir de la imaginación y la razón. De doce a dieciocho años, coincidiendo con los cambios físicos y fisiológicos, los ya adolescentes entran en el periodo de “adquisición de la independencia”, más en concreto en el ámbito de la expresión individual. Existe un cuarto y último periodo, ya en la edad adulta, en la que el aprendizaje consiste en ser completamente independientes.

Los ritmos de aprendizaje en el acompañamiento infantil
Si queremos acompañar adecuadamente a los niños, tanto en el aula como en casa, es necesario adecuar nuestro ritmo de trabajo al ritmo natural de los pequeños. Estaremos mucho más en sintonía con un bebé si hacemos las cosas de forma muy lenta, entrando en un estado mental en el que las ondas delta y theta estén lo más presentes posible. Por ejemplo, en nuestros cursos para bebés, todas las actividades las realizamos de forma muy pausada, atendiendo, uno a uno, a cada niño por separado.

De tres a seis años, el ritmo cerebral crece, y se hace necesaria la estimulación en grupo, con actividades más físicas y retos intelectuales más potentes. A partir de esta edad, los niños pueden necesitan desafíos intelectuales de mayor calado. Es por esto que en nuestros cursos de seis a doce años trabajamos historias más complejas, con un vocabulario amplio, frases gramaticalmente elevadas y se las presentamos a través de juegos de mesa, de cartas o de competiciones individuales o en grupo.

Por último, en nuestros cursos para adolescentes es importante favorecer una adquisición lingüística compleja, con la que cada uno de nuestros estudiantes consiga identificarse. Dejar espacio para la expresión como individuos, tanto oral como escrita, presentando temas variados y que sean de su interés: el espacio, la música, los misterios, la ecología o la alimentación saludable son solo algunas de las materias a través de las cuales conseguimos que adquieran el lenguaje adecuado para su vida como adultos.