10 años impulsando el aprendizaje del inglés en Vilafranca del Penedès

Una década apostando por una forma diferente de aprender inglés

Hace diez años, Rosemay buscaba una metodología que rompiera con la enseñanza tradicional. Ese descubrimiento marcó el inicio de un proyecto que hoy forma parte del día a día de cientos de familias en Vilafranca del Penedès. Lo que empezó como una apuesta por la innovación educativa se ha convertido en una academia consolidada que prioriza la confianza, el disfrute y el desarrollo integral de cada alumno.

Helen Doron Alt Penedès lleva una década acompañando a niños y jóvenes en su aprendizaje del idioma. Al frente del centro está Rosemay, directora y franquiciada, que resume estos años en una palabra: “orgullo”, por el camino recorrido y por formar parte de un proyecto que, en sus palabras, “va mucho más allá de enseñar inglés”.

Cuando la innovación marca la diferencia

La historia comenzó casi por casualidad, con una búsqueda en internet. Rosemay quería encontrar una metodología distinta, innovadora y alejada de la enseñanza tradicional. Así descubrió Helen Doron English y decidió contactar con la oficina principal en Barcelona.

Recuerda que aquella primera reunión le impactó especialmente. La combinación de música, juego y refuerzo positivo le pareció fascinante, al comprobar cómo los niños podían aprender de forma natural, como si el inglés fuera su lengua materna.

Un proyecto nacido de la vocación compartida

Detrás del centro hay cinco profesores unidos por una misma pasión por la enseñanza. Abrir su propia academia era un sueño común y, al conocer el método Helen Doron, sintieron que habían encontrado la herramienta adecuada para hacerlo realidad.

Decidieron apostar por la franquicia e iniciar el proyecto en Vilafranca del Penedès. Aunque los comienzos supusieron un reto, la acogida de las familias fue muy positiva desde el primer momento.

 

 

Una década de expansión constante

El crecimiento ha sido notable. El centro comenzó con 40 alumnos y hoy cuenta con alrededor de 400. Hace tres años dieron un paso decisivo al trasladarse a un espacio más amplio y moderno, lo que permitió mejorar las instalaciones y adaptarse mejor a la evolución del proyecto.

El equipo también ha crecido y continúa formándose de manera continua, convencido de que la mejora profesional es parte esencial del compromiso educativo.

Lo que enseñan los momentos difíciles

Rosemay reconoce que no todo el camino ha sido sencillo. Precisamente los desafíos han sido los que más le han enseñado, tanto en el plano profesional como en el personal.

Destaca la importancia de la perseverancia, la paciencia y la confianza en el método, entendiendo que los resultados sólidos requieren tiempo y coherencia.

Diez años viendo crecer a una generación

Uno de los mayores orgullos del centro es haber acompañado a muchos alumnos durante toda su etapa formativa. De los 40 estudiantes iniciales, 23 continúan en la academia, un dato que refleja la fidelidad y la conexión construida a lo largo del tiempo.

Incluso quienes ya no asisten mantienen el vínculo. Muchos comparten cómo el inglés aprendido en el centro les ha abierto puertas en la universidad o en experiencias internacionales.

 

 

Confianza, seguridad y autoestima

Para Rosemay, el verdadero valor del método reside en que el aprendizaje no se limita al idioma. Las clases fomentan la confianza, la seguridad y la autonomía de los alumnos.

Ver cómo niños y jóvenes se expresan con naturalidad en inglés y cómo ganan confianza en sí mismos es lo que refuerza su convicción de que están aportando algo más profundo que una formación académica.

La fuerza del equipo y la comunidad

La energía diaria nace del entusiasmo de los alumnos, pero también del compromiso del equipo docente y de la confianza de las familias. Rosemay subraya que el trabajo en equipo y la comunicación constante han sido claves para sostener el crecimiento durante diez años.

Crear un entorno en el que cada niño se sienta acompañado es, según explica, uno de los pilares del centro.

Una historia que ejemplifica el impacto

Entre todas las vivencias, hay una que la emociona especialmente: la de un alumno con Asperger que encontró en la metodología un entorno en el que se sentía cómodo y motivado. A lo largo de diez años no solo alcanzó el nivel B2, sino que desarrolló una gran confianza en sí mismo.

Para Rosemay, este caso demuestra cómo un entorno adecuado puede transformar la experiencia educativa de un alumno.

El compromiso de seguir avanzando

Tras una década de trayectoria, el objetivo es continuar creciendo sin perder la esencia. Rosemay quiere seguir aprendiendo, consolidando el proyecto y acompañando a nuevas generaciones, demostrando que Helen Doron es mucho más que una academia de inglés: es una experiencia educativa con impacto duradero.