20 años de Helen Doron Sagrada Familia: el primer centro en Barcelona y el más antiguo de España
Hace más de veinte años, cuando en España apenas se hablaba de enseñanza temprana del inglés y la idea de aprender a partir del primer año parecía casi revolucionaria, comenzó nuestra historia. En aquel momento no existían referentes claros; había que abrir camino.
Soy Meena Athwani, Master Franquiciadora de Helen Doron English en Catalonia, Aragón, la Rioja y Navarra. Yo ya conocía el proyecto desde 2003, cuando me formé como profesora Helen Doron, en un momento en el que la metodología era todavía una propuesta poco comprendida por muchas familias. Empecé dando clases en casa y colaborando con algunas guarderías del entorno, convencida de que aquella forma de enseñar tenía un enorme potencial, aunque muchos aún no la entendieran. Aquellos primeros años fueron un proceso constante de explicar, escuchar y construir confianza.
En 2006 entra Pilar Morodo como Manager y abrimos oficialmente el centro Helen Doron Sagrada Familia, convirtiéndolo en el primer centro de Barcelona y, con el tiempo, en el más antiguo de España. Lo que comenzó como una convicción personal pasó a ser un proyecto compartido.
Los inicios de un proyecto pionero en Barcelona
Desde el inicio, Pilar y yo asumimos la responsabilidad de hacerlo crecer. No teníamos experiencia empresarial ni una estructura consolidada; todo se fue construyendo día a día. La escuela fue mucho más que un lugar donde aprender inglés: se convirtió en un espacio de encuentro. Las familias no eran matrículas, eran padres y madres que veíamos en el supermercado, en las actividades del barrio, en los partidos de básquet de nuestros hijos o un domingo en el Tibidabo. Compartimos alegrías, preocupaciones y etapas de vida.
Nuestros propios hijos crecieron junto a muchos de nuestros alumnos. Eran muy pequeños cuando comenzamos, y el proyecto y la familia crecieron al mismo tiempo. Conciliar no siempre fue sencillo. Hubo jornadas largas, mucho esfuerzo y una dedicación absoluta. Pero también hubo una enorme ilusión por estar construyendo algo que merecía la pena. Hoy, ver que nuestros hijos forman parte del proyecto es una de las mayores satisfacciones de este recorrido.

Crecer desde la cercanía
Con el paso de los años entendimos que nada permanece igual. La educación cambia, las necesidades de las familias evolucionan, los niños crecen en contextos distintos. Hemos tenido que adaptarnos constantemente, aprender en cada etapa y aceptar que los errores forman parte del proceso. Si algo nos han enseñado los niños es a mirar el mundo con curiosidad y autenticidad. Ellos nos recuerdan cada día por qué empezamos.
La solidez de la metodología ha sido uno de nuestros grandes apoyos. Más allá del idioma, hemos visto cómo nuestros alumnos ganaban confianza, seguridad y capacidad para expresarse. Ese impacto es el que da sentido a los años de trabajo.
Nada de esto se entiende sin Pilar. Su constancia, su capacidad de adaptación y su compromiso diario han sido esenciales para consolidar el proyecto. Si la visión estuvo desde el principio, fue gracias al trabajo compartido que pudo hacerse realidad.
Evolucionar para acompañar a cada generación
A lo largo de estas dos décadas hemos acompañado a generaciones enteras. Hemos visto a niños que empezaron con apenas unos años convertirse en adolescentes seguros, y más tarde en jóvenes que estudian en el extranjero o acceden a oportunidades profesionales gracias a su nivel de inglés. También seguimos recibiendo mensajes de familias que recuerdan canciones y momentos vividos en nuestras aulas como parte de su memoria familiar.
Veinte años después, Helen Doron Sagrada Familia sigue siendo un lugar donde los niños vienen a aprender, pero también a sentirse seguros, escuchados y valorados. Ese ha sido siempre nuestro objetivo: crear un espacio donde el aprendizaje sea natural y donde cada etapa sea respetada.

Un camino compartido que sigue creciendo
Mirando atrás, sentimos orgullo y gratitud. Orgullo por haber sido pioneros en Barcelona y por haber abierto un camino que hoy parece evidente. Gratitud por las familias que confiaron cuando todo era nuevo, por los profesores excelentes que a lo largo de estos años han dado vida a las aulas y han hecho posible que la metodología se tradujera en experiencias reales para cada niño. Entre ellos, hay quien merece una mención especial: Pamela, que lleva con nosotros desde el primer año y cuya dedicación ha sido una de las columnas silenciosas de este proyecto. Y gratitud también por el equipo que ha crecido con nosotros y por los niños que nos han enseñado tanto como nosotros a ellos.
Más que un centro, Sagrada Familia es una historia compartida que lleva veinte años escribiéndose y que sigue creciendo con la misma convicción del primer día.




