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Reencuentros al estilo Helen Doron English

Cuando pensamos en la vuelta al cole solemos pensar en mochilas, libros, cuadernos, bolígrafos y lápices. También en ropa que hay que estrenar y que, como no la hayamos previsto, pueden suponer un problema para el presupuesto familiar. Por otro lado están los horarios, levantarse temprano, desayunar aún a oscuras, caras somnolientas, mami un ratito más, papi hoy no me apetece…

Para nosotros, los Teachers de Helen Doron English, volver a la rutina tampoco es fácil. Hay cursos nuevos que poner en marcha, cajas del año anterior que se quedaron revueltas, material que se quedó estropeado y que hay que arreglar con paciencia, y todo ello mientras pensamos lo bien que estábamos en la playa o de viaje. Sin embargo, llega un momento luminoso en el que te das cuenta que todo ese esfuerzo merece la pena.

Es el momento en el que abrimos las puertas y entran los primeros niños. Los más pequeños todavía se agarran a sus padres, los mayores van un par de pasos por detrás. Las caras serias empiezan a dibujar sonrisas, al principio tímidas, que al cabo de pocos segundos se convierten en expresiones de felicidad. Cuando les decimos «hello!» salen corriendo a abrazarnos, nos dan besos, nos cuentan lo que han hecho en verano y nos enseñan los juguetes que quizá hayan traído ese día. Cuando les indicamos cuál va a ser su clase para este año lo único en lo que piensan es en dónde tienen que dejar los zapatos y, casi sin tiempo para despedir a sus padres, entran con la confianza de siempre y se preparan, sencillamente, para jugar.

Porque eso es lo que hacemos con ellos: jugar. Los niños de Helen Doron English no saben que vienen a aprender inglés. Hasta que no cumplen una cierta edad, para ellos venir a clase es sinónimo de pasar un rato de felicidad, disfrutando con esos materiales, juegos y canciones que les sorprenden una y otra vez y que están pensados solo para ellos. Nuestros alumnos son los protagonistas absolutos, el centro de nuestros pequeños centros.

Puede parecer pueril, pero para nosotros, los profes de este método maravilloso, supone el mayor estímulo para seguir en este oficio. Muchos venimos de otro tipo de trabajos, en los que la relación con los clientes podía ser mejor o peor, pero desde luego no llegaba a este nivel de confianza. Los clientes no se abrazaban al cuello, no daban besos, no se peleaban por sentarse encima ni tenías que hacerles cosquillas o prestarles ese coche o muñeco para que te dejaran seguir. Los clientes podían estar muy contentos contigo, pero nunca lloraban si pasaban por delante y ese día no tenían clase. Es la consecuencia de tener un máximo de 8 alumnos por clase y poder darles el trato personalizado que merecen.

Este trabajo, como todos, tiene sus momentos difíciles, sus jornadas en las que terminamos cansados y llegamos a casa con ganas de meternos en la cama hasta el día siguiente. Trabajar con niños es así. Pero la alegría de una sonrisa, un abrazo, un beso espontáneo, la felicidad de un niño por estar contigo y el agradecimiento de los padres es insuperable.

Escrito por Ignacio Moreno, Teacher de Helen Doron English Montequinto.

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Reencuentros al estilo Helen Doron English

Cuando pensamos en la vuelta al cole solemos pensar en mochilas, libros, cuadernos, bolígrafos y lápices. También en ropa que hay que estrenar y que, como no la hayamos previsto, pueden suponer un problema para el presupuesto familiar. Por otro lado están los horarios, levantarse temprano, desayunar aún a oscuras, caras somnolientas, mami un ratito más, papi hoy no me apetece…

Para nosotros, los Teachers de Helen Doron English, volver a la rutina tampoco es fácil. Hay cursos nuevos que poner en marcha, cajas del año anterior que se quedaron revueltas, material que se quedó estropeado y que hay que arreglar con paciencia, y todo ello mientras pensamos lo bien que estábamos en la playa o de viaje. Sin embargo, llega un momento luminoso en el que te das cuenta que todo ese esfuerzo merece la pena.

Es el momento en el que abrimos las puertas y entran los primeros niños. Los más pequeños todavía se agarran a sus padres, los mayores van un par de pasos por detrás. Las caras serias empiezan a dibujar sonrisas, al principio tímidas, que al cabo de pocos segundos se convierten en expresiones de felicidad. Cuando les decimos «hello!» salen corriendo a abrazarnos, nos dan besos, nos cuentan lo que han hecho en verano y nos enseñan los juguetes que quizá hayan traído ese día. Cuando les indicamos cuál va a ser su clase para este año lo único en lo que piensan es en dónde tienen que dejar los zapatos y, casi sin tiempo para despedir a sus padres, entran con la confianza de siempre y se preparan, sencillamente, para jugar.

Porque eso es lo que hacemos con ellos: jugar. Los niños de Helen Doron English no saben que vienen a aprender inglés. Hasta que no cumplen una cierta edad, para ellos venir a clase es sinónimo de pasar un rato de felicidad, disfrutando con esos materiales, juegos y canciones que les sorprenden una y otra vez y que están pensados solo para ellos. Nuestros alumnos son los protagonistas absolutos, el centro de nuestros pequeños centros.

Puede parecer pueril, pero para nosotros, los profes de este método maravilloso, supone el mayor estímulo para seguir en este oficio. Muchos venimos de otro tipo de trabajos, en los que la relación con los clientes podía ser mejor o peor, pero desde luego no llegaba a este nivel de confianza. Los clientes no se abrazaban al cuello, no daban besos, no se peleaban por sentarse encima ni tenías que hacerles cosquillas o prestarles ese coche o muñeco para que te dejaran seguir. Los clientes podían estar muy contentos contigo, pero nunca lloraban si pasaban por delante y ese día no tenían clase. Es la consecuencia de tener un máximo de 8 alumnos por clase y poder darles el trato personalizado que merecen.

Este trabajo, como todos, tiene sus momentos difíciles, sus jornadas en las que terminamos cansados y llegamos a casa con ganas de meternos en la cama hasta el día siguiente. Trabajar con niños es así. Pero la alegría de una sonrisa, un abrazo, un beso espontáneo, la felicidad de un niño por estar contigo y el agradecimiento de los padres es insuperable.

Escrito por Ignacio Moreno, Teacher de Helen Doron English Montequinto.