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Por qué en nuestros grupos hay un máximo de 8 alumnos

Existen muchos factores que hacen que una clase de inglés funcione, que los niños aprendan y que se sientan seguro, felices y motivados. Cuando la lingüista británica Helen Doron comenzó a desarrollar su metodología, se dio cuenta de que cada niño era especial, único, y necesitaba toda la atención de sus profesores para alcanzar su máximo potencial.

Nuestra forma de enseñar inglés se basa en una serie de pilares. En anteriores artículos hemos hablado de algunos de ellos, como la escucha pasiva repetida, el aprendizaje en espiral o la formación de nuestros profesores, así como de la relación de la metodología con grandes pensadores de la enseñanza como Montessori, Suzuki o Glenn Doman. Hoy queremos traeros un pilar que, a veces, pasa desapercibido.

Grupos de máximo 8 alumnos

Helen Doron entendió que, para que conseguir lo mejor de cada alumno, era necesaria una atención lo más personalizada posible. Sin embargo, su forma de entender el aprendizaje se basaba en que los niños jueguen, disfruten y se diviertan, creando un espacio emocionante lleno de interacciones en el que ni siquiera se dieran cuenta que están en una clase de inglés.

Para conseguir ese equilibrio entre diversión, interacción y atención personal, la lingüista británica decidió restringir el número de alumnos en sus clases. Resulta obvio que una clase con uno o dos alumnos y un solo profesor resulta tediosa, ya que las posibilidades de crear juegos emocionantes o de interactuar de forma plena se reducen al mínimo. A partir de tres o cuatro la diversión empieza a crecer, y alcanza su máximo potencial a partir de seis, siete u ocho.

Más de ese número comienza la gestión del grupo y el aprendizaje empiezan a deber llevarse de otra forma. El profesor debe estar atento a más niños, a su comportamiento, que a las interacciones y juegos. En este sentido, un grupo amplio de alumnos hace casi obligado bajar el ritmo de la clase, reduciendo los resultados.

Seguridad y confianza

Pero existe otro motivo para restringir el número de niños, bebés o adolescentes en el aula. Nuestra forma única de enseñar inglés se basa en gran medida en la naturalidad y la espontaneidad del lenguaje. Para que una persona, de cualquier edad, hable un idioma de forma espontánea, necesita sentirse tranquila, feliz y confiada.

Un grupo reducido en el que los niños se sientan felices, un grupo más de juego que de aprendizaje, hace que la seguridad se aumente y se dispare. De esta forma, nuestros alumnos pierden el miedo a equivocarse, se sienten confiados y adquieren el idioma de una forma plena.

Problemas y conflictos

Para terminar, los grupos reducidos aseguran una gestión adecuada de los posibles problemas que puedan suceder en clase. Es más fácil atajar un conflicto cuando el grupo es pequeño y el profesor conoce a la perfección a sus alumnos, cómo tienden a comportarse en según qué situaciones.

Para nosotros, adelantarnos a los problemas y tomar medidas preventivas es la mejor manera de que no sucedan.

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Por qué en nuestros grupos hay un máximo de 8 alumnos

Existen muchos factores que hacen que una clase de inglés funcione, que los niños aprendan y que se sientan seguro, felices y motivados. Cuando la lingüista británica Helen Doron comenzó a desarrollar su metodología, se dio cuenta de que cada niño era especial, único, y necesitaba toda la atención de sus profesores para alcanzar su máximo potencial.

Nuestra forma de enseñar inglés se basa en una serie de pilares. En anteriores artículos hemos hablado de algunos de ellos, como la escucha pasiva repetida, el aprendizaje en espiral o la formación de nuestros profesores, así como de la relación de la metodología con grandes pensadores de la enseñanza como Montessori, Suzuki o Glenn Doman. Hoy queremos traeros un pilar que, a veces, pasa desapercibido.

Grupos de máximo 8 alumnos

Helen Doron entendió que, para que conseguir lo mejor de cada alumno, era necesaria una atención lo más personalizada posible. Sin embargo, su forma de entender el aprendizaje se basaba en que los niños jueguen, disfruten y se diviertan, creando un espacio emocionante lleno de interacciones en el que ni siquiera se dieran cuenta que están en una clase de inglés.

Para conseguir ese equilibrio entre diversión, interacción y atención personal, la lingüista británica decidió restringir el número de alumnos en sus clases. Resulta obvio que una clase con uno o dos alumnos y un solo profesor resulta tediosa, ya que las posibilidades de crear juegos emocionantes o de interactuar de forma plena se reducen al mínimo. A partir de tres o cuatro la diversión empieza a crecer, y alcanza su máximo potencial a partir de seis, siete u ocho.

Más de ese número comienza la gestión del grupo y el aprendizaje empiezan a deber llevarse de otra forma. El profesor debe estar atento a más niños, a su comportamiento, que a las interacciones y juegos. En este sentido, un grupo amplio de alumnos hace casi obligado bajar el ritmo de la clase, reduciendo los resultados.

Seguridad y confianza

Pero existe otro motivo para restringir el número de niños, bebés o adolescentes en el aula. Nuestra forma única de enseñar inglés se basa en gran medida en la naturalidad y la espontaneidad del lenguaje. Para que una persona, de cualquier edad, hable un idioma de forma espontánea, necesita sentirse tranquila, feliz y confiada.

Un grupo reducido en el que los niños se sientan felices, un grupo más de juego que de aprendizaje, hace que la seguridad se aumente y se dispare. De esta forma, nuestros alumnos pierden el miedo a equivocarse, se sienten confiados y adquieren el idioma de una forma plena.

Problemas y conflictos

Para terminar, los grupos reducidos aseguran una gestión adecuada de los posibles problemas que puedan suceder en clase. Es más fácil atajar un conflicto cuando el grupo es pequeño y el profesor conoce a la perfección a sus alumnos, cómo tienden a comportarse en según qué situaciones.

Para nosotros, adelantarnos a los problemas y tomar medidas preventivas es la mejor manera de que no sucedan.